Lunes 23 de septiembre

 

Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diréis a este monte, pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.

Mateo 17,20

Si uno tomase estas palabras de Jesús en forma literal quedaría una sensación de frustración. Por la simple y llana razón: nadie tiene una fe que le permita realizar lo que el Evangelio propone. ¿Y entonces? ¿Jesús plantea lo imposible?

Los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle por qué había fracasado su intento de hacer algo bueno por alguien que lo necesitaba. Evidentemente la fe de los discípulos había menguado si no llegaba siquiera al tamaño de un grano de mostaza. Fracasamos en la vida, no por la fuerza de la oposición de situaciones adversas, sino por la falta de fe. La iglesia puede tener palabras sin obras, promesas sin realizaciones, reputación de poder. La iglesia fracasa en su ministerio cuando la ausencia de confianza en su Señor es manifiesta en sus actitudes. La iglesia fracasa en su ministerio cuan-do le falta la fe.

Mover una montaña era una expresión proverbial para superar grandes dificultades. En otro lugar Jesús afirmó que la fe puede desarraigar lo que parecía estar permanentemente arraigado.

La fe en Dios es el instrumento que permite al creyente quitar las montañas de dificultades que obstruyen el camino de una sanación profunda en un ministerio basado en la confianza y compromiso con su Señor.

Que no caiga la fe, que no caiga la esperanza, hermano mío, her-mana mía… (Canto y Fe Nº 237).

Jorge Buschiazzo

Mateo 17,14-21