Lunes 24 de julio

 

 

Una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Filipenses 3,13-14

El Apóstol Pablo vivió muchos obstáculos y peligros al dar testimonio de su fe. Por ejemplo, esta carta fue escrita desde la cárcel. Por lo que podríamos suponer que estaba abatido. Sin embargo, expresa: prosigo a la meta.

Las adversidades son parte de la vida. A diario necesitamos valor para ser perseverantes, enfrentar las dificultades y alcanzar nuestras metas. Cuánto más aún, si queremos enfrentar los desafíos como cristianos, sin tomar atajos, sino siguiendo el ejemplo de Cristo.

En el texto, Pablo nos señala que la manera de seguir adelante es estar dispuestos a olvidar ciertamente lo que queda atrás. Y no se trata sólo de olvidar lo malo, ya que muchas veces nos aferramos a lo bueno del pasado intentando repetirlo, viviendo de nostalgias que no nos sirven porque nos impiden situarnos en el presente.

Aun en los momentos que tensionan nuestras vidas, el consejo sigue siendo el mismo: “mirar y extenderse hacia adelante”. Aunque en esos momentos de crisis lleguen las dudas y preguntas, la respuesta que nos debe inspirar es el mismo ejemplo que nos dio el apóstol: debemos confiar, estar seguros del premio de Dios en Cristo Jesús y perseverar firmes, dando testimonio de ello.

Como cristianos, debemos proseguir mirando hacia adelante, confiados con la fe de quien nos manda a tener valor y firmeza, no tengas miedo ni te desanimes porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo donde quiera que vayas. (Canto y Fe Nº 276)

María Ester Norval

Filipenses 3,12-16