Lunes 24 de Septiembre

 

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Jesucristo se entregó a la muerte por nuestros pecados, para librarnos del estado perverso actual del mundo, según la voluntad de nuestro Dios y Padre.

Gálatas 1,4

Estas palabras del apóstol Pablo pertenecen al párrafo de salutación que presenta en la carta a los gálatas. Primero, fundamentando que su ministerio proviene de Jesucristo y no de los hombres. En otras palabras, no son las estructuras ni las personas, sino la gloria de Dios por medio de la fe la que permite aceptar a Jesucristo como nuestro Dios y Salvador.

Luego llega a este versículo que comparto con ustedes en el que da a conocer el fundamento de su ministerio. La razón por la cual Dios lo ha llamado y enviado al mundo. Jesucristo…

Pablo tiene una connotación del mundo bastante negativa como muchas personas hoy por la tragedia misma de ser mundo y nosotros en él. A pesar de ello, el mundo es el terreno, el campo donde la Iglesia es enviada a proclamar la Buena Nueva con la clara convicción, firmeza y humildad que nos despierta la fe en que ese mundo no está perdido, no ha sido desechado por Dios, sino es el retoño de lo nuevo, de lo diferente, de lo posible.

Bien nos haría a cada uno de los creyentes de nuestras iglesias pensar que nuestros ministerios pastorales o laicos no dependen de la estructura eclesiástica, aunque se canalicen por medio de ellas, sino por el don de una fe regalada y aceptada. Le anexaría un mayor compromiso y responsabilidad a la misión asumida. Y por otro lado, nos daría una mayor perspectiva en que el ministerio, así como no se legitima, tampoco se agota en la estructura. La misión a la que nos envía Jesucristo es a todos y para todos.

Jorge Alberto Buschiazzo

Gálatas 1,1-5   

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