Lunes 26 de junio

 

 

Algunos creyentes de Cripre y de Cirene llegaron a la ciudad de Antioquía y hablaron también a los no judíos, anunciándoles la buena noticia acerca de Jesús, el Señor. El poder del Señor estaba con ellos, y así fueron muchos los que dejaron sus antiguas creencias y creyeron en el Señor.

Hechos 11,20-21

El Libro de los Hechos de los Apóstoles nos relata, como bien lo indica su nombre, las acciones que llevaron adelante los seguidores de Jesús cuando él ya no estaba. Además, es un ejemplo de que la historia de Jesús no terminó con su muerte, resurrección y ascensión. Sino todo lo contrario, sus discípulos cumplieron el mandato de ir a las gentes de todas las naciones bautizándolas y enseñándoles todo lo que habían aprendido del maestro.

El texto de hoy nos cuenta que salieron a proclamar la buena noticia a los no judíos. Es decir, no se quedaron entre los conocidos, entre sus amigos y su gente sino que llegaron a otras ciudades y compartieron con quienes no conocían el mensaje de la salvación. Probablemente fue un gran desafío, seguramente tuvieron temores, dudas e incluso cierta desconfianza de compartir con “esa otra gente”.

¿Con quién compartimos nosotros la buena noticia? ¿Con mis conocidos? ¿La gente de la comunidad de fe? ¿Mis parientes? ¿Mi nueva compañera de trabajo? ¿Me animo a hablar? ¿O mejor me quedo tranquila, en mi “zona de confort”?

Dos mil años después, al igual que a sus apóstoles, Jesús nos sigue invitando a que anunciemos su palabra, a compartir la buena noticia.

Vayamos alegres, Jesús dice “no tengas miedo”, él estará con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Susana Carolina Plem

Hechos 11,19-30

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