Lunes 7 de enero

 

Dios dijo: `No es bueno que el ser humano esté solo; yo le quiero hacer una ayuda, que sea su contraparte´

Génesis 2,18

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El relato bíblico describe el obrar creador, amoroso, de Dios en el origen. En su contexto más amplio lo presenta estableciendo como su contraparte a la criatura humana. Ella, a diferencia de otras criaturas, es investida con la maravillosa capacidad/poder de “nombrar” el mundo, de “ordenarlo”. Y es dignificada con la vocación de “servir y cuidar” del jardín que habita. De esa forma, el Creador y el ser humano llegan a ser aliados y colaboradores, uno del otro – en la comunión más íntima, pero también en la diferencia y alteridad más absoluta.

En ese marco, tanto el mandamiento de no comer del “árbol del conocimiento del bien y del mal”, como el don del otro ser humano como “ayuda” y “contraparte” adecuado, constituyen la forma tangible que adopta la gracia de Dios para con él. En ellos el mismo Señor sale al encuentro de su criatura de forma adecuada a su condición – para su bien, tanto en la colaboración como en la resistencia y oposición. A través de su palabra y de quien ha sido creada como “carne de su carne…”, el Señor se hace presente en su vida como ayuda y contraparte de manera audible y corporal – “sacramentalmente”. Así, el amplio espacio vital ofrecido y encomendado, es constituido mediante una demarcación precisa, un “límite liberador”, en cuyo reconocimiento y respeto incondicional reside la preservación de la creación en su bondad original.

En un tiempo como el nuestro, el presente texto nos invita a reconocer en la resistencia y lucha que encabezan las mujeres contra el sistema patriarcal y la violencia de género un signo ejemplar de ese límite liberador establecido por Dios. Clamores como el “ni una menos” nos desafían, en particular a los varones, a revisar a fondo nuestros esquemas mentales, institucionales y conductas. Y así, a encontrar en ellas y otros vulnerados una ayuda y contraparte imprescindible en el ejercicio de nuestra vocación: recrear juntos un orden de convivencia humana más acorde a la bondad del Creador.  

Daniel Beros

Génesis 2,18-25