Lunes 8 de junio

Esa bondad de Dios nos enseña a dejar la maldad y los deseos mundanos, y a llevar en este mundo una vida de buen juicio, rectitud y devoción a Dios.

Tito 2,12

En una de nuestras unidades de trabajo, a mis alumnos de primer año de secundaria les enseño que los seres humanos somos seres sociales. Que necesariamente formamos parte de uno o más grupos. Que ciertamente no siempre tenemos el privilegio de elegir, y que tanto más es importante conocernos y aprender a respetarnos. Porque cuánto más y mejor nos conocemos, y cuánto más logramos respetarnos entre nosotros, mejor va a funcionar nuestra convivencia.

Los debates más interesantes surgen cuando los alumnos mismos descubren que los grupos de los cuales participan les proporcionan costumbres, hábitos y valores que no solamente no son idénticos sino que pueden llegar hasta a contradecirse. Y más interesante aún se torna el debate cuando ellos mismos comienzan a buscar criterios que les ayuden a evaluar si un hábito, una costumbre o un valor aprendido les sirven para bien o si, en verdad, entorpece el camino hacia una vida en armonía y paz, en respeto hacia la dignidad e integridad de todos.

Nuestra fe cristiana es maravillosa en este sentido. Nos ofrece criterios claros para llevar, en este mundo tan descarriado, una vida de buen juicio que nos permita desechar aquellas costumbres y hábitos naturalizados que muchos creen no poder dejar, para mantener en alto los valores tan profundos y esenciales de una vida en rectitud y devoción a Dios. ¡Ayudemos, hermanas y hermanos, a recuperarlos!

Anima a los jóvenes a ser juiciosos, y dales tú mismo un buen ejemplo en todas las cosas. (Tito 2,6-7)

Annedore Venhaus

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