Lunes 9 de agosto

Y oró Eliseo al Señor, diciendo: “Te ruego, Señor, que abras sus ojos, para que vea.”

2 Reyes 6,17

En nuestro trajinar diario por la vida agitada cuantas veces caminamos a ciegas por las calles sin mirar a nuestro alrededor.

Cuando todavía trabajaba y me bajaba del tren que venía de Villa Ballester a la Capital en la estación Carranza había varias familias que dormían en ella. Cada mañana muy temprano nos esperaban al finalizar la escalera dos chiquitas de entre 3 y 5 años pidiendo una monedita.

La mayoría pasaba ignorando a las chiquitas y a las familias que dormían. Otros rezongaban contra los padres y despectivamente los tildaban de borrachos, otros se quejaban porque les obstruían el paso y el mal olor de la estación. Era raro el que daba una moneda a las chicas. Esto durante mucho tiempo y sin ver la miseria de las familias y, sobre todo, el riesgo que corrían las niñas.

Aquí realmente hacía falta orar a Dios y pedir que abra los ojos para que vean. Tomemos nota del que sufre a nuestro lado y no pasemos como ciegos al lado de él. Tal vez solo le haga falta una palabra de aliento y un espaldarazo.

Señor Dios y Padre nuestro: abre nuestros ojos para que podamos ver al que sufre a nuestro lado. Te pedimos que nos des el don de la misericordia. También te pedimos: abre nuestros ojos para poder ver tu magnífica creación y las diferentes bellezas. Amén.

Ingrid Mai

2 Reyes 6,8-23

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