Lunes 9 de julio

Jesús dijo: Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.

Juan 4,13-14

Hace más de medio siglo, en verano, cuando los viajes eran lentos y los caminos polvorientos, era un verdadero alivio llegar a un almacén de campo o una parada de colectivo y apreciar un cartel que anunciaba bebidas frías o frescas. Pocas familias tenían heladeras; y lo que hoy es normal –comprar una bebida bien fría–, en aquellas décadas era un lujo. Llegar a un puesto de bebidas frías era como encontrar un oasis. Bajar del ómnibus lleno de polvo y sudor, lavarse, sentarse a la sombra de un árbol y disfrutar de una bebida bien fría era un pequeño anticipo del paraíso. Daba fuerzas para continuar el sacrificado viaje, aun sabiendo que luego de unos pocos kilómetros nuevamente se necesitaba de un restaurante con el prometedor cartel “Bebidas frescas”.

Le invito a trasladar la imagen del agua fresca y reconfortante al resto de la vida.

Nuestros recorridos por tramos de a ratos áridos y penosos hacen que necesitemos fuerza, y por qué no decirlo, también consideración y aprecio. Esto se lo ofreció Jesús a aquella mujer samaritana junto al pozo de agua. Le invito a leer toda esta parte de la historia en Juan 4,1-14. El amor de Jesús, expresado en su entrega hasta la muerte en la cruz por nosotros, nos puede entusiasmar y dar fuerzas, pero no sólo para seguir los siguientes 30 kilómetros de dificultades, sino por toda la vida.

Es más. El que bebe agua, satisface su sed personal. Pero luego de algún tiempo volverá a necesitar agua. Quien recibe el amor de Jesús, no sólo tiene suficiente para su propio “gasto”, sino también para ofrecer, compartir y dar. Será entonces una fuente de agua que mana presencia de Dios, amor y salvación para otros. El agua que brinda Jesús es contagiosa. Dios quiera que contagiemos a muchos, así como otros nos contagiaron a nosotros.

René Krüger

Juan 4,1-14