Martes 1 de agosto

 

 

Había recibido enseñanza en el camino del Señor y les enseñó a otros acerca de Jesús con espíritu entusiasta y con precisión. Sin embargo, él sólo sabía acerca del bautismo de Juan.

Hechos 18,25

Buen día, buenas tardes, buenas noches o quizás buen provecho…

No sé en qué momento del día compartís la lectura, por ello el saludo amplio. Algunos las leen apenas al despertar, otros en el almuerzo compartiendo con la familia, otros durante la cena a modo de encuentro con Dios junto a la familia, otros al ir a descansar. ¡Qué maravilloso es poder elegir el tiempo y el lugar donde instruirse!

La instrucción o enseñanza es necesaria, puesto que la fe nace por el oír. Si no compartes con otros lo que crees, sólo queda para ti y allí, encerrado, se va contigo.

Pero al oír hay que escuchar bien lo que se dice; en este caso Apolos, de quien habla el texto, anunciaba a Cristo pero bautizaba como Juan el Bautista. Seguro te estarás preguntando qué diferencia hay entre el Bautismo de Juan y el de Jesús.

El primero (Juan) hacía un Bautismo basado en el arrepentimiento. Si no era sincero el cambio radical que se quería hacer en la vida del que iba a ser bautizado, no podía realizarse. Era más personal, por elección de quien quería ser bautizado.

El Bautismo de Jesús trae el Espíritu Santo, como dice Pablo, y además Juan el Bautista instaba a recibir ese Bautismo. Es recibido por gracia, es un regalo de Dios, que nos da libertad para discernir, para estudiar, para dejarnos instruir, para ir cada día cambiando y creciendo.

El Bautismo es el primer paso en el camino de la fe. En nuestra iglesia lo dan nuestros padres y padrinos que prometen en nuestro nombre acompañarnos, guiarnos, enseñarnos y participar activamente de la vida de la Iglesia, colaborando con ella con todo lo necesario para que tenga y ofrezca los espacios  de catequesis a los niños, adolescentes, jóvenes y adultos.

Si sos padre, madre o padrino o madrina, ¿lo estás cumpliendo?

Acercate a tu comunidad, allí te esperan con alegría.

Narciso Weiss

Hechos 18,23-19,7