Martes 1 de octubre

 

Vino uno y le dijo: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?”

Mateo 19,16

Este joven rico que se le acerca a Jesús y le hace esta pregunta puede ser cualquiera de nosotros que busca tener certeza de salvación.

Jesús conocía el corazón del joven. Sabía que, a su manera, es-taba buscando la forma de ganarse la salvación.

Puede haber pensado que el Maestro le daría una tarea específica o que una buena obra le ofrecería garantía de vida eterna.

Pero en lugar de ello, Jesús le pone un requisito que ilustra clara-mente el asunto básico: el deseo del joven de seguir teniendo el con-trol de su vida basado en sus pertenencias.

Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.”

Entiendo que las mejores cosas de la vida no están relacionadas con la riqueza. Una persona que tiene buena salud está mejor que una persona adinerada que tenga una enfermedad incurable. Una persona con un ingreso pequeño puede disfrutar de la amistad, el amor y la belleza del mundo natural tanto como una persona de dinero.

Lo que de verdad importa es el papel que desempeñan las posesiones en nuestra vida. ¿Procuramos las posesiones para que nos den un status en la sociedad y seguridad? ¿O las entendemos como bendiciones que nos pueden ayudar a cumplir nuestra tarea en el reino de Dios?

Guillermo A. Mohr

Mateo 19,16-30