Martes 10 de abril

 

 

Gracias a Cristo, también ustedes que oyeron el mensaje de la verdad, la buena noticia de su salvación, y abrazaron la fe, fueron sellados como propiedad de Dios con el Espíritu Santo que él había prometido.

Efesios 1,13

La vida es Cristo, el camino y la verdad. Gracias a él fuimos sellados como propiedad de Dios. De él es la iniciativa que nos adopta como sus hijos. Quien nos ha creado y destinado a una vida plena es Dios. Esto es rotundo. No fuimos nosotros que lo descubrimos sino él que nos ha encontrado. Desde el vientre de nuestra madre, diría Jeremías.

Ese llamado lo recibimos por otros, a través de creyentes y comunidades que dan testimonio de su fe. … ustedes que oyeron el mensaje de la verdad, la buena noticia de su salvación…, dice Pablo, pudieron encontrarse con Cristo. La fe nace por el oír, le dice a la comunidad de Roma. Y señala así el compromiso de anunciar a otros que Cristo es el Salvador.

Nosotros tenemos la misma bendita obligación. Otros creerán por nuestro testimonio, o dejarán de creer por nuestra omisión.

Una vez alguien planteó en un grupo de estudio una pregunta que cada tanto vuelve a inquietarme: “¿Somos responsables de la incredulidad de otros?” En buena medida es así. Nos alegra, por supuesto, cuando nos encontramos con lo contrario, cuando sentimos que hemos sido guías para el encuentro de otros con Cristo. Y también esa alegría depende de nuestra actitud.

El camino es Cristo y nosotros hemos sido llamados a ser guías para que otros lo encuentren. Vivir esta responsabilidad como llamado ineludible es de bendición por partida doble.   

Oscar Geymonat

Efesios 1,11-14