Martes 10 de diciembre

 

Así dice Jehová a su ungido, a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha, para sujetar naciones delante de él y desatar lomos de reyes; para abrir delante de él puertas, y las puertas no se cerrarán: “Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos; quebrantaré puertas de bronce, y cerrojos de hierro haré pedazos.”

Isaías 45,1-2

Es sorprendente este mensaje de Dios que trasmite el profeta: porque Dios usa a un hombre extranjero poderoso para llevar a cabo su propósito; pero también, qué es lo que tiene para cada uno de nosotros, cuando tomamos su palabra en serio y la ponemos por obra. Dios le tenía reser-vada una tarea especial que debía realizar para Israel, Ciro permitiría que la ciudad de Dios, Jerusalén, se reconstruyera y liberaría a los cautivos sin esperar nada a cambio.

El Señor declara que él había sostenido a Ciro en sus conquistas ante-riores, y que lo utilizaría para: “desatar lomos de reyes; para abrir puertas delante de él, y las puertas no se cerrarán”. Significa que Dios desarmará a otros reyes, para que la tarea encomendada a Ciro sea exitosa.

Esta intervención de Ciro será el motivo para que toda la tierra glorifique al Señor: “para que se sepa desde el nacimiento del sol hasta donde se pone, que no hay nadie más que yo; yo soy Jehová, y no hay ningún otro.” El Dios de Israel es el único Dios verdadero. En el versículo 7, proclama que él es el Creador: “Yo formo la luz y creo las tinieblas; hago la paz y creo la adversidad.” En el último versículo de nuestro texto el Señor predice la restauración del Evangelio: “Rociad, cielos, desde arriba, y las nubes destilen la justicia; ábrase la tierra, y prodúzcanse la salvación y la justicia; háganse brotar juntamente. Yo, Jehová, lo he creado”. El Señor es quien establece y restablece la verdad y la rectitud sobre la tierra. Dios gobierna sobre la luz y las tinieblas, sobre la paz y la adversidad.

Nuestras vidas están salpicadas de ambas clases de experiencias y las dos hacen falta para crecer espiritualmente. Cuando vengan los tiempos buenos, demos gracias a Dios y utilicemos su prosperidad para él. Cuando vengan los tiempos malos, no se resientan, sino pregúntense qué pueden aprender de esta experiencia purificadora para ser un buen siervo de Dios.

Marisa Stehle

Isaías 45,1-8