Martes 10 de octubre

 

 

No podéis servir a Dios y a las riquezas.

Lucas 16,13

Este pasaje bíblico nos invita a seguir pensando en la parábola del mayordomo infiel que leímos ayer.

Pienso que si un maestro le dice a un alumno: “no te comas las uñas”, es porque éste se las está comiendo, de lo contrario no tendría sentido el mandato. Entonces, si Jesús nos alerta acerca de que no se puede servir simultáneamente a dos causas opuestas, es porque eso está ocurriendo. Y es más, nosotros no vemos lo que Dios ve.

Ayer, el Evangelio felicitó a quien actúa con rapidez, dada la urgencia del caso. Pero hoy nos dice: “eso no basta”. Entonces, ¿qué debemos hacer? Si estamos en falta debemos cambiar. Hoy hay que elegir: “Dios o la riqueza” (dejar el bíblico “Mamón” aparte).

En general, la gente se entusiasma cuando le dan a elegir. Le parece haber conseguido una personal y valiosa participación en las decisiones para su vida. Pero, ¡cuidado! Porque lo que está en juego es su vida eterna. Hay sólo dos propuestas, y si uno se equivoca es para siempre.

Hay que tener en cuenta que los bienes de la tierra (riquezas) no pueden asegurar la vida, y menos, la eterna. La riqueza es lo ajeno al reino de Dios que es la vida, y no hay que olvidar que al elegir estamos administrando, haciendo de mayordomo. Esta enseñanza nos puede preocupar mucho porque hemos creído en lo lindo de “poseer” algo (mi casa, mis libros, mi coche…)

Se cierra el pasaje con un ejemplo muy práctico que tiene que ver con la vida cotidiana: desarrollar fidelidad a la propia familia.

El ejemplo del divorcio, tan desparejo en la Palestina del primer siglo, destruía la base de la vida social y familiar. Hoy las cosas no han cambiado mucho, y las parejas ya no incluyen la fidelidad en sus reglas de convivencia. Usted, ¿qué opina? Yo pienso que, siguiendo la meditación de hoy, de lo que se elija surgirá el construir o destruir nuestra vida.

Señor, te pido que me ayudes cada vez que tenga que decidir.                                                                       

Alicia S. Gonnet

Lucas 16,10-18