Martes 13 de agosto

 

Nosotros y los fariseos ayunamos mucho, ¿por qué tus discípulos no ayunan?

Mateo 9,14

Los seguidores de Juan no entendían por qué los discípulos de Jesús no ayunaban, y ellos sí debían hacerlo. El ayuno era una costumbre muy antigua; hasta Jesús ayunó, pero no les pide a sus discípulos que hagan lo mismo. Jesús les responde con una pregunta a los fariseos: ¿Pueden acaso los amigos del novio, ponerse tristes cuando el novio está con ellos? Jesús asocia el ayuno con una muestra de dolor, tristeza y respeto por aquel que se iba… Jesús con esto les dice, que mientras él esté con ellos, no es necesario ayunar, pues donde él está reina la alegría, la confianza y la paz.

Nosotros buscamos a Jesús en oración y en su palabra, para sentirnos cerca de él, para sentir esa mano invisible que se tiende hacia nosotros para sostenernos y guiarnos en el camino. Este es el ayuno que nos lleva a profundizar nuestra intimidad con Dios.

Cultivemos el silencio en algún momento del día, para dejar que Dios mismo nos hable, nos susurre en nuestros oídos e impregne nuestro corazón de su presencia… Recuerda que Dios no habla en el ruido y en el bullicio, aquí debes ayunar desconectándote de lo que el mundo ofrece con sus más variadas tecnologías, sólo así podrás escuchar la voz de Dios, la cual siempre es grata oír, es la dulce melodía que quiere acompañarnos todos los días y hacernos sentir su presencia.

Donde está Jesús hay alegría, confianza, y reina el amor. Pero cuando nos alejamos sobreviene el vacío y la tristeza; entonces debemos ayunar, para volvernos a él quien siempre está dispuesto a darnos lo mejor.

Amalia Elsasser

Mateo 9,14-17