Martes 13 de marzo

 

Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.

Juan 14,6

Es difícil encontrar el camino cuando hay tantos senderos que se abren frente a nuestros ojos.

No es fácil encontrar la verdad cuando hay tantas verdades a medias en nuestro tiempo.

Se hace complicada la vida ante algunos caminos que no llevan a ninguna parte y otros que llevan a lugares donde encontramos sólo penas, amarguras y dolor.

Se torna dificultosa y pesada la marcha cuando el rumbo no está claro.

¡Si me conocieran! dice Jesús.

Nos falta saber más del Señor. Nos queda mucho que aprender de él.

Jesús nos repite una y otra vez: No tengan miedo, crean en mí y nos asegura que está preparando un lugar para cada uno de nosotros y nosotras.

Los seres humanos -desde el momento mismo de nuestro nacimiento- necesitamos un lugar. Lo buscamos permanentemente: en el hogar, en el trabajo, en la escuela, en la Iglesia, etc.

Es que necesitamos sentirnos parte. ¡Y miren si seremos importantes para el Señor que él quiere que formemos parte de su reino!

Nos muestra un camino que nos conduce a él. Un camino muy diferente a los demás que podemos contemplar y transitar.

Este es el camino de la verdad, el único que lleva a la vida plena.

El salmista deseaba transitarlo y lo expresa diciendo: Señor, dame a conocer tus caminos; ¡enséñame a seguir tus sendas! Todo el día espero en ti. ¡Enséñame a caminar en tu verdad, pues tú eres mi Dios y Salvador! (Salmo 25,4-5)

Jesús nos asegura que si pedimos algo en su nombre, él lo hará. Tengamos esa humildad que tuvo el salmista y pidámosle con corazón sincero al Señor, que nos guíe hacia ese lugar donde hallar la vida que vino a ofrecernos y regalarnos por su eterno e incomparable amor. Amén.

Carlos Abel Brauer

Juan 14,1-14