Martes 14 de agosto

 

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Mis ovejas reconocen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen. Y yo les doy vida eterna.

Juan 10,27 y 28

Los judíos rechazan a Jesús. Es el título del pasaje bíblico para hoy según la Versión Popular de la Biblia.  ¿Los judíos… y nosotros? No, ¡nosotros no! Si somos cristianos, somos hijos de Dios, vamos los domingos al culto, bautizamos a nuestros hijos, los confirmamos, pagamos regularmente nuestro aporte de membresía y quizás el uno u otro, el diezmo. No, ¡nosotros no rechazamos a Jesús!

Si es así, entonces qué del mendigo, del menesteroso que vive bajo una carpa o el puente, cuyos harapos nos gritan del hambre y la miseria que viven. Aquellos ancianos que viven abandonados en un “hogar”; la vecina enferma; los niños que no tienen al igual que nuestros hijos, comida, ropa, juguetes; los que son privados de su libertad. ¿Nos acordamos de tenderles una mano, visitarlos, darles una palabra de aliento, llevarles un poco de lo que nos sobra?

Cuando oramos pedimos el pan nuestro de cada día y somos capaces de afrontar todo por nuestros hijos. Acaso, ¿los demás padres, hijos no tienen?

Hermanos acordémonos de que cuando comparezcamos a la presencia de nuestro Señor, él nos preguntará acerca de nuestras actitudes. Dichosos aquellos que puedan escuchar: Lo que han hecho a uno de mis hermanos, a mí me lo han hecho. No nos olvidemos de que para Dios no hay distinción de persona, ante él todos somos iguales.

Señor, pongo en tus manos mi vida, mis pensamientos, mis actitudes. Quita de mí ese corazón de piedra y dame un corazón de amor. Guíame tú hacia los necesitados, tanto de bienes materiales como de comprensión y amor. Enséñame a ofrecer mis dones con alegría y devoción, no como sirviendo a los hombres sino a ti para que pueda ser un instrumento de tu paz. Amén.

Carlota Schwarz

Juan 10,22-30

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