Martes 17 de septiembre

 

Se acercó mucha gente que traía consigo cojos, ciegos, mudos, mancos y otros muchos enfermos. Los pusieron a los pies de Jesús, y los sanó; de manera que la multitud se maravillaba al ver que los mudos hablaban, los mancos quedaban sanos, los cojos andaban y los ciegos veían. Y glorificaban al Dios de Israel.

Mateo 15,30-31

En el texto de ayer vimos como una mujer nos enseñaba que la fe sirve para romper y desafiar los valores machistas de una sociedad, y como la fe nos mueve a buscar y preguntarnos por una sociedad más digna y justa.

Hoy en los versículos que tenemos continuamos haciéndonos preguntas. Y en el fondo la pregunta que está detrás de esto y que me gustaría que nos hagamos es la siguiente: ¿Para qué sirve la fe?

Podemos responder que la fe, y vivir nuestra fe en comunidad, nos sirve para que en nuestras vidas nos sanemos de las angustias y tristezas. La fe sirve para que muchos puedan encontrarles sentido a sus vidas, sirve para que aquellos que se encuentran ciegos por un montón de motivos, puedan ver con esperanza, puedan ver más allá de sus propios ojos. La fe sirve para levantarnos de todo aquello que nos paraliza, que no nos deja caminar y poder seguir adelante. La fe sirve para poder decir lo que nos pasa, para ponerles palabras a las cosas.

En la Iglesia he visto a muchos mudos que hablaron, a ciegos que empezaron a ver, como así también a otros que se levantaron de momentos difíciles y caminaron.

Damos gracias a Dios por las maravillas que nos permite ver y porque seguramente también nosotros fuimos sanados por él.

Javier Gross

Mateo 15,29-39