Martes 2 de abril

 

David pensaba: “Saúl me va a matar. Por eso, lo mejor que puedo hacer es huir al país filisteo para que Saúl me deje tranquilo y no me ande buscando. Así escaparé de sus manos.”

1 Samuel 27,1

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David sabía de la promesa que le hizo Dios a través de Samuel, de que iba a ser el rey de Israel. Pero el odio que le tenía Saúl, el actual rey, era tan grande que David tenía miedo y optó por huir a tierra de los filisteos, históricos enemigos de Israel.

En la Biblia podemos leer muchas historias en las que los grandes líderes tuvieron períodos de flaqueza espiritual. Abraham, Isaac, Jacob… Y seguramente muchos de los líderes espirituales actuales pasan por la misma experiencia. O también nosotros nos enfrentamos a situaciones en las que optamos por tener más miedo a la gente que confianza en las promesas de Dios. A veces la realidad que nos toca vivir está más cerca de la angustia y la desesperación que de la fe y la esperanza.

Me puedo imaginar a David preguntándose cómo es posible que, si Dios tenía grandes planes para él, tuviera que pasar por esta situación de persecución generada por el odio de su antecesor al enterarse de que Dios le quitaba su favor por no haber hecho su voluntad, porque Saúl se engolosinó con el poder pensando que podía hacer lo que quería, y no lo que Dios esperaba.

David necesitaba tomar distancia de esa situación y tener un tiempo tranquilo hasta que se calmaran las aguas. Por eso decidió cambiar de lugar y esperar un momento más propicio para seguir con su misión. Me imagino que en esa experiencia David pudo haber pensado cuando redactó el salmo 23, tan querido por todos:

Aunque pase por el más oscuro de los valles, no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo; tu vara y tu bastón me inspiran confianza.

Quizás en este mismo momento estés enfrentando ciertos problemas, te sientas como pasando por un valle oscuro. Y parece no haber solución para tus problemas, que tengas pensado huir de ellos, escudarte en otro lugar…

En esos momentos piensa que Dios no nos abandona, que a veces permite estos valles oscuros para que aprendamos a aferrarnos a él. Y podamos estar fortalecidos para la próxima etapa de nuestra vida…

1 Samuel 27,1–28,2

Pablo Münter

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