Martes 2 de junio

También debes saber que en los tiempos últimos vendrán días difíciles. Los hombres serán egoístas, amantes del dinero, orgullosos y vanidosos. Hablarán en contra de Dios, desobedecerán a sus padres, serán ingratos y no respetarán la religión… No tengas nada que ver con esa clase de gente.

2 Timoteo 3,1-2.5

El apóstol Pablo hace una larga lista en la cual describe cómo será la gente en “los tiempos últimos”.
Si leemos todo el texto que está sugerido para el día de hoy al pie de esta página, podríamos caer en el pesimismo. Muchas veces escucho a personas que, ante el panorama actual tal como se lo presenta en los informativos, están convencidas de que ya vivimos en los últimos tiempos, y que las profecías bíblicas se están cumpliendo.

Sin embargo, Pablo no escribe estas palabras para invitar a la resignación, a decir: “Qué le vamos a hacer, es lo que está predicho… no hay nada que podamos hacer”. Ni para cruzar los brazos esperando que alguna mano prodigiosa o un personaje mesiánico cambien la situación. Podemos ver el medio vaso vacío o el medio vaso lleno. Y sabemos que en nuestra sociedad, a pesar de la mucha gente egoísta, violenta, materialista, insolente… hay también muchas otras personas humildes, pacíficas y pacificadoras, solidarias y amables.

Pablo no propone que nos aislemos del mundo, sino que no seamos cómplices, sea por acción u omisión, de las personas que obran el mal y cuyos valores no son regidos por el amor a Dios y al prójimo. Las personas que creemos en Jesucristo podemos y debemos marcar una diferencia. Ante los ojos de Dios los creyentes no somos mejores que las demás personas, pero sí podemos ser diferentes, tratando de vivir de acuerdo al evangelio de Jesús, siendo “sal y luz” en este mundo.

En medio de la duda y de la niebla, celebramos la promesa de esperanza y fe. En medio de los miedos y traiciones celebramos la promesa de solidaridad. (Canto y Fe Nº 349)

Bernardo Raúl Spretz