Martes 20 de junio

 

 

Allí encontró a un hombre llamado Eneas, que desde hacía ocho años estaba en cama, paralítico. Pedro le dijo: -Eneas, Jesucristo te sana. Levántate y arregla tu cama. Eneas se levantó al momento.

Hechos 9,33-34

Cuando Jesús sana a los enfermos y le devuelve la vida a personas fallecidas, lo entiende como una señal de lo que Dios quiere para todas las personas. Vida y vida en abundancia. Son un anticipo de lo que será definitivamente el reino de Dios: Aquí está el lugar donde Dios vive con los hombres. Vivirá con ellos, y ellos serán sus pueblos, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Secará todas las lágrimas de ellos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor; porque todo lo que antes existía ha dejado de existir. (Apocalipsis 21)

En el Libro de los Hechos se relatan varios sucesos que están en la misma línea de Jesús. Hay un hombre postrado que no puede valerse por sí mismo porque está paralítico. Pedro le ordena en el nombre de Jesucristo que se levante. La palabra griega para “levantarse” es una de las palabras que los evangelios utilizan para la Resurrección de Jesús. Puede significar el levantarse de personas que están dormidas o acostadas en el suelo. Pero también puede referirse a las revoluciones políticas, cuando un pueblo se levantaba o hacía una insurrección contra los poderosos que lo oprimían. Al hablar de la resurrección de Jesucristo debemos tener presentes estos dos sentidos. Cristo se despierta, se levanta y se subleva contra el pecado y la muerte.

Los apóstoles entendieron que ellos son parte de esa insurrección contra los poderes que producen muerte. De tal modo, Eneas pudo tener una experiencia de resurrección.

Karin Krug

Hechos 9,32-43

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