Martes 21 de julio

Dios irá abriéndoles camino, y ellos le seguirán y saldrán por la puerta de la ciudad. Su rey, el Señor, marchará al frente de todos”.

Miqueas 2,13

Miqueas es un pequeño chacarero que vive en la zona rural. Comparte con otros pequeños agricultores el sufrimiento por las arbitrariedades de los que tienen el poder, el dinero y la capacidad de ponerse por sobre otros. Sufre junto a los pequeños el abuso de la compra compulsiva y a precios viles de la tierra y la producción.

Vive en un contexto en el que parece que los malos ganan. Donde el que tiene dinero, el que tiene poder, los que negocian con los jueces, que se dejan sobornar, son los que tienen éxito.

El profeta Miqueas hace un análisis de la realidad. Ve lo que sucede con objetividad, mira sin casarse con ningún rey, con ningún partido político, con ninguna institución que le convenga.

Tiene la mirada del que cree, del que confía y tiene su fe puesta en Dios.

Él sabe que el que no tiene poder, no tiene el dinero y está a la merced de los poderosos, tan solo puede confiar en el Dios que interviene en la historia.

Puede mirar hacia atrás en la historia y descubrir que Dios ya ha actuado para el bien de los pequeños. Tiene en vista la salida de Egipto y a los pequeños agricultores que pudieron asentarse en las tierras fértiles del río Jordán después de haber cruzado el desierto.

Pero también mira hacia adelante, él sabe que Dios va a enviar a un pastor que junte al resto de Israel, al redil desparramado, lastimado, engañado y perseguido.

Miqueas sabe que todos podrán tener al pastor marchando delante de ellos para salvarlos definitivamente. Él tiene la mirada puesta en este Salvador que nació algunos años después en Belén.

Waldemar von Hof