Martes 21 de marzo

 

 

Cuando llegó cerca de Jerusalén, al ver la ciudad, Jesús lloró por ella, diciendo: “¡Si en este día tú también entendieras lo que puede darte paz! Pero ahora eso te está escondido y no puedes verlo.”

Lucas 19,41-42

Este fragmento forma parte del relato de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Se encuentra inmediatamente después del relato del recibimiento y reconocimiento por parte de los habitantes de Jerusalén de Jesús como hijo de Dios y antes de la purificación del templo.

En este texto se nos muestra un lado completamente humano del Maestro, quien se emociona hasta las lágrimas, compadeciéndose de la gente. Jesús se nos muestra cercano, comprensivo, tierno, amoroso. El estado y las circunstancias de vida de las personas y de la ciudad de Jerusalén conmueven la fibra íntima de Jesús.

Por otro lado, se nos presenta la paz como un misterio a ser develado, algo a lo que aspiramos, pero que desconocemos cómo llegar a poseer. Cuando Jesús dice “si tú también entendieras”, da cuenta de algo que él conoce, algo que quiere compartir con los demás. Ese misterio está escondido porque las personas no logran verlo. No es una limitación de la paz en sí misma, ni es un don que Dios nos niega. Realmente somos nosotros los que no estamos dispuestos a construir la paz.

Me pregunto si acaso Jesús no lloraría al ver el estado de nuestras ciudades, provincias y países; la falta de paz, de unidad, solidaridad; la violencia creciente, miseria y el abandono. ¿Acaso no lloraría Jesús por nosotros? ¿No se conmovería hasta las lágrimas?

Jesús está cerca, observando, dispuesto a escuchar, enseñar y a guiarnos. ¿Estamos nosotros dispuestos a seguirlo y descubrir el camino de la paz?

Deborah Cirigliano

Lucas 19,41-48