Martes 21 de noviembre

 

 

No procuramos agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones.

1 Tesalonicenses 2,4

La búsqueda por el privilegio es algo que está muy presente en la mente y en el corazón del ser humano. Fácilmente caemos en la tentación de querer ocupar un lugar de honor sin siquiera haber comenzado a servir y a amar. Cuando hemos comenzado a servir y amar, con qué facilidad lo hacemos, motivados por nuestra propia necesidad de justificarnos o de ocupar un lugar de reconocimiento y de honor. Qué bien nos sentimos entonces, al recibir el reconocimiento de los demás. Pero cuando no hemos logrado agradar, qué difícil es sobrellevar la ausencia de ese reconocimiento, las críticas, el rechazo.

Sin embargo, ante Dios no es necesario que nos preocupemos por lograr su reconocimiento. Para que él nos hable, nos dignifique, nos reconozca, no necesitamos justificarnos ni buscar el reconocimiento de las personas. Él ya nos conoce y nos llama cada día a encontrarse con nosotros en nuestras miserias. Él conoce nuestros corazones, conoce cada uno de nuestros secretos. Mostrando su inmenso amor en Jesucristo, se entregó por cada uno de nosotros. Por eso podemos amar y servir así como somos y con lo que tenemos, buscando agradarlo a él en primer lugar.

Es así que Pablo deja en claro a la comunidad en Tesalónica que tanto él como Silvano y Timoteo no quieren cumplir con la voluntad de las personas, sino con la voluntad de Dios.

Pedro Kalmbach

1 Tesalonicenses 2,1-12