Martes 23 de abril

 

Así deben también los maridos amar a sus esposas como aman a sus propios cuerpos: amar a la esposa es amarse a sí mismo.

Efesios 5,28

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“En la última década, 2638 mujeres murieron por el solo hecho de ser mujer, en el 75% de los casos, a manos de familiares, parejas o exparejas.”

Muchas mujeres leen las epístolas paulinas con cierto recelo, y con justa razón, ya que son muchos de estos versículos los que han justificado, y justifican aún hoy, una cosmovisión patriarcal que cosifica a las mujeres y las somete al tutelaje de sus maridos/padres.

Pocas veces escucho este versículo, en cambio los versículos previos (Efesios 5,22-23), que piden a las mujeres sumisión a sus maridos, son repetidos y grabados a fuego en millones de mujeres. Puede parecer poco, considerando el siglo que transitamos, pero considerar a la mujer como prójima sería todo un avance.

El doble mandamiento del amor, síntesis del mandato de Cristo, no puede seguir ausente en las relaciones de pareja, familias… Aceptar a mi compañera o compañero como prójimo, rompe con la asimetría de géneros, nos pone en pie de igualdad ante Dios y nos ayuda a releer el texto bíblico interpelados por la pregunta ¿dónde está tu hermana, tu hermano?

Los hombres no podemos seguir mirando para otro lado, somos corresponsables cuando minimizamos una situación de violencia ver-bal o física contra una mujer; o cuando inferimos “piropos” que insultan la dignidad de las mujeres, o nos reímos de chistes machistas…

Que Dios nos conceda el valor para poder reconocernos como prójimos y prójimas, unas de otros.

Peter Rochón

Romanos 12,1-8; Efesios 5,21-33