Martes 24 de diciembre

 

 

Nochebuena

Cantad alabanzas, alegraos juntamente, soledades de Jerusalén; porque Jehová ha consolado a su pueblo, a Jerusalén ha redimido.

Isaías 52,9

Un mensaje de alegría y de esperanza nos anuncia Isaías, porque él vino. Dios mismo vino a nuestro mundo en ruinas, a este mundo de soledades que al parecer está cada día peor.

En esta época navideña con sus luces y cánticos de alegría, mu-chas personas que están frente a las ruinas de su vida, llena de soledad, tal vez estén diciendo: -No veo ni siento nada de toda esta alegría. ¿Cómo podré soportar este día, esta Nochebuena, sin desesperarme?

La respuesta está en el que vino, cuyo nacimiento estamos festejando hoy: Jesús, el Salvador y Consolador. El que vino para librarnos de todas nuestras soledades, de todo el pecado que nos oprime. Es algo que de ninguna manera lo podemos hacer por nuestra propia fuerza, pero él sí lo puede. Es el gran regalo de Dios para este mundo. ¡Acéptalo!

¿Cómo se hace? Simplemente diciendo: -Jesús, siento tanta soledad, ya no sé cómo arreglar mi vida, pero te pido: ¡Ven y ayúdame! Quiero creer en ti. Te pido que entres a mi vida y que la renueves. Dios escucha la oración de los que se acercan a él con el corazón sin-cero. No es indiferente ante nuestros fracasos, soledades y angustias. Siempre espera que nos acerquemos a él y que aceptemos su oferta de salvación.

Si permitiste que Jesús entre a tu vida, entonces puedes participar de la alegría de estas fiestas, puedes tener paz en tu corazón y sentir el consuelo del Señor que vino justamente junto a los que están en ruinas y soledad. Por eso: ¡Feliz Navidad!

Luisa Krug

Salmo 96,1-3.11-13; Isaías 9,1-7; Isaías 52,7-12; Tito 2,11-14; Lucas 2,1-14; Agenda Evangélica: 2 Samuel 7,4-6.12-14a

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