Martes 28 de febrero

 

 

Al fariseo le extrañó ver que Jesús no se hubiera lavado antes de comer,  pero el Señor le dijo: «Ustedes los fariseos limpian por fuera el vaso y el plato, pero por dentro están llenos de robo y de maldad.  ¡Necios! ¿Acaso el que hizo lo de afuera, no hizo también lo de adentro?  Den limosna de lo que está adentro, y así todo quedará limpio para ustedes.

Lucas 11,38-41

Evidentemente, Jesús no escuchó al doctor Cormillot insistiendo en que debemos lavarnos las manos a menudo, ante todo cuando vamos a comer. Pero seguramente Jesús no quiso dar un ejemplo de no importancia del lavado de manos. Su acción tiene una intención más profunda.

¡Cuántas cosas no se hacen para aparentar! Aparentamos para quedar bien. Buscamos ser admirados por los demás. Nos vestimos para quedar bien, nos ponemos joyas para impresionar, hasta nos hacemos operaciones estéticas para que los demás nos vean más lindos de lo que en verdad somos. Incluso, cuando vamos a la iglesia, puede haber en nuestra actitud un dejo de autosuficiencia religiosa, al estilo del fariseo: ¡qué bueno que soy, voy a la iglesia,  ayuno dos veces a la semana, y doy la décima parte de todo lo que gano!

Ustedes limpian por fuera el vaso y el plato, pero por dentro están llenos de robo y de maldad, dice Jesús.

No pensemos sólo en los políticos corruptos que se enriquecen haciéndonos creer que se sacrifican por los más pobres.

Aparentar santidad para quedar bien es “robar” la verdad, lo que Jesús dice, por dentro están llenos de robo y de maldad.

Mañana comienza la Cuaresma. Tiempo de acompañar la pasión de Jesús, que tradicionalmente se hacía con ayuno. El ayuno no tiene que ser un ejercicio como el del fariseo que lo hacía para mostrar su santidad. Es una práctica que sirve para desprenderse de elementos superfluos como también de comidas “opulentas”. Y ante todo ha de ser para fortalecer nuestra vida espiritual, fijar la atención en la vida de Jesús y –como Jesús- en la necesidad de los demás.

Dieter Kunz

Lucas 11,37-54