Martes 28 de julio

Pero yo a Yavé miraré, esperaré al Dios de mi salvación, mi Dios me oirá.

Miqueas 7,7

Sí, cuando miramos a nuestro alrededor, vemos mucho del mal, de actitudes egoístas o de gente que vive en actitudes negativas. Y quizás usted también, querido lector, lucha en esta vida solo por sí mismo o como muchos, justificamos que no hay otro camino. Sin embargo, sí hay otro camino. Sí hay otra actitud. Sí hay otra posibilidad.

Por eso podemos, si de verdad queremos, dejar de rechazar a Jesús con excusas de este mundo. Claramente Jesús nos coloca frente a un espejo y nos hace mirarnos dentro de nuestro corazón. Esto es lo que nos entrega el evangelio de Lucas 4,15-24.

Y de esto, lo más difícil es la conversión, dejar fluir a Dios en nuestro corazón y liberarnos de lo que nos ata a las cosas. Pregunto: ¿Qué diría usted? ¿Puede decir: a Yavé miraré, esperaré al Dios de mi salvación, mi Dios me oirá? Todo tiene su tiempo, dice Eclesiastés 3. Dios nos regala la vida con todo nuestro tiempo, solo nos pide el diezmo de ese tiempo para llevar su amor a otros. ¡Y que, sin duda, volverá a nosotros! En muchas comunidades, la lucha es superar tradiciones que los años incorporan como ley de convivencia y de relación, costumbres y ritos, que se viven como palabras de Dios y no son.

Este pueblo me ha olvidado… dicen los profetas al expresar la palabra del Señor. Sí, esa conversión, entrega y continuidad en la convicción para vivir realmente una vida en Cristo se quiere perder con los años y la rutina. Reavivar el fuego de la fe, no perder el impulso de la evangelización. Como dice Josué 24 y todo el Deuteronomio: Pero yo y mi casa serviremos al Señor. Pregunto: ¿Qué dice usted?

Te vengo a decir, te vengo a decir, Oh mi Salvador, que yo te amo a ti, que yo te amo a ti, con el corazón. Te vengo a decir toda la verdad, te quiero Señor, te amo Señor con el corazón. Yo quiero cantar, yo quiero cantar de gozo y de paz. (Cancionero de la IERP en Paraguay Nº 57)

Aurelia Schöller