Martes 29 de agosto

 

 

Cuando el Señor lo ordenaba, los israelitas se ponían en camino o acampaban, y allí se quedaban todo el tiempo que la nube permanecía sobre el santuario. Si la nube se quedaba sobre el santuario bastante tiempo, los israelitas detenían su marcha para ocuparse del servicio del Señor.                   

Números 9,18.19

Vemos cómo Dios conducía a su pueblo al pasar por el desierto después de cruzar el Mar Rojo, huyendo de Egipto.

Los jefes de las tribus no decidían cuándo y dónde acampar o cuándo seguir, ni lo hacía Moisés. Sólo los dirigía Dios por medio de sus señales.

Cuando Dios daba la señal de parar, acampaban, y si daba la señal de seguir, levantaban campamento y se ponían en camino. Y cuando no caminaban se ocupaban del servicio del Señor.

Ellos eran conscientes de ser “el pueblo elegido por Dios” y buscaban su libertad de la esclavitud, la buscaban con Dios, al que pertenecían. Aunque tardaron 40 años hasta que aprendieron a hacerle caso a Dios y sus indicaciones.

Para muchos, hoy, 40 años es poco tiempo para darse cuenta de que lo mejor para ellos es pedir al Señor que los acepte y los guíe.

Creo a que quienes nos dimos cuenta y tratamos de hacerle caso a Dios nos cabe una función especial:

En el pueblo israelita, que tantas veces se rebeló, siempre se encontró alguien que los hiciera entrar en razón y los encaminara a encontrarse otra vez con Dios. Así nosotros, que creemos en Jesucristo, tenemos esa misma función de mostrar el camino. Y ese camino ya no pasa por el desierto arenoso, sino por la salvación, el cariño y la dedicación de Dios hacia cada uno de nosotros.

Dios estaba presente para ellos en una columna de humo de día y una de fuego de noche.

Hoy nosotros también podemos darnos cuenta del fuego de amor que se hizo visible en Cristo para guiarnos.

Estar dispuesto a abrirle los ojos a los que no ven, por medio del ejemplo y la fidelidad a Dios, es el trabajo que Dios nos encomienda: mostrar nuestro amor al Señor para que vean que él nos amó primero.

Winfried Kaufmann

Números 9,15-23