Martes 29 de enero

 

Dios nos libra de por medio de la fe en Jesucristo…

Romanos 3,22

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La fe es la confianza en que Dios mantendrá su palabra o su promesa. Creer supone que Dios ya se manifestó, y que su palabra es estable. También esto es fundamental en tiempos de crisis, de pérdida de todo, hasta del valor de las promesas divinas. Y es por nuestra fe que Dios nos acepta como justos y es por nuestra fe que creemos en Jesucristo- promesa cumplida, Dios hecho carne, que murió y resucitó. (Severino Croatto)

¿Creer? Fácil de decir y de escribir… ¿fácil de sentirlo y vivirlo? Muchos ejemplos de fe encontramos a través de las Escrituras, como también en la historia y en nuestro diario vivir. Moisés creyó en lo que parecía imposible. Josué se puso en las manos de Dios para entrar en la tierra prometida, Miriam, Ruth, Esther, Débora, el ciego que vio, la mujer que se curó, María y Marta que confiaron, y Lázaro resucitó. Los mártires del primer siglo d.C.

En una reunión con adolescentes de un colegio para conversar sobre el Viernes Santo y Domingo de Pascua nos sorprendió el desconocimiento general sobre el sentido de la conmemoración religiosa. Hicimos un relato detallado y en lenguaje muy sencillo de lo que nos cuenta el Evangelio sobre Jesús, su muerte y resurrección… hasta que hicieron la esperada gran pregunta: “¿Tienen pruebas? ¿Hay algún documento relatando los hechos?”

La respuesta fue firme: No hay documentos oficiales que relaten los hechos, lo que sabemos fue escrito en el siglo I por quienes vivieron o escucharon los hechos. – ¿Y entonces, por qué creen? Porque se siente en el corazón, es más fuerte que cualquier otra cosa. Y allí les contamos un pequeño cuento, que dice así: Un alpinista empezó a escalar una difícil montaña, no tan temprano en la mañana. Lo sorprendió la noche cuando todavía no había llegado al campamento seguro. El hombre trató de ubicarse en la oscuridad, pero perdió equilibrio y se quedó colgado de la cuerda que llevaba. Desesperado empezó a gritar: -¡Señor, sálvame!.. Entonces escuchó una voz que le decía repetidamente: -Corta la cuerda. Pero él dudó… Al otro día un equipo de auxilio encontró al alpinista congelado, agarrado con fuerza de la cuerda y a un metro del piso…

Y nosotros, ¿creemos?

Inés Simeone

Romanos 3,21-31