Martes 30 de enero

 

 

Temí a causa del furor y de la ira con que el Señor estaba enojado contra vosotros hasta querer destruiros. Pero el Señor me escuchó una vez más.

Deuteronomio 9,19

El pueblo de Israel era un pueblo que constantemente desobedecía a Dios, sujeto a sus propias pasiones y rebeldías ante Dios. Eso lleva a Moisés a interceder por ellos más de una vez, inclusive por su propio hermano Aarón. Y Dios escucha las súplicas de Moisés, no por ser el libertador del pueblo, sino porque tenía misericordia de su siervo.

Hay grandes lecciones espirituales aquí para nosotros. Así como Leví era la tribu sacerdotal, en la actualidad, la Iglesia es, espiritualmente hablando, un reino de sacerdotes. Es decir, que cada creyente en Jesucristo es un sacerdote.

Muchas veces en nuestras iglesias pasa lo mismo, nos alejamos de los designios de Dios, pecamos, miramos más nuestros propios intereses, no tenemos paciencia para esperar las promesas de Dios y queremos hacer las cosas a nuestra manera. Cuántas veces los miembros de la Iglesia se apartan por sus preconceptos, o por dudar de Dios y sus promesas. Nosotros como miembros fieles e hijos de Dios, también podemos interceder por nuestra iglesia y sus miembros en oración, pidiendo la misericordia del creador.

No somos perfectos, ni hay iglesia perfecta, pero si todos juntos intercedemos en oración los unos por los otros y para que la iglesia del Señor siga caminando según su voluntad, él no nos dejará ni nos desamparará.

Pablo clarificó esto en Romanos 9,15, que dice: Pues a Moisés dije: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Dios es soberano y él regala su misericordia. ¡Cuán maravilloso es él! Usted y yo no podemos entender plenamente estas dos características de Dios: su rechazo total del pecado y su misericordia ofrecida gratuitamente.

Carola Christ y Sebaldt Dietze

Deuteronomio 9,15-29