Martes 4 de julio

 

 

En Iconio, Pablo y Bernabé entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal modo que muchos creyeron, tanto judíos como no judíos.

Hechos 14,1

El poder de la Palabra: cuando leí este párrafo de Hechos, recordé aquella fábula del sultán que soñó que había perdido todos sus dientes. Por eso mandó llamar a un sabio para que interpretase el sueño. Éste le dijo: ¡Qué desgracia, mi Señor! Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de su Majestad. ¡Qué insolencia!- exclamó el sultán enfurecido y ordenó que le dieran cien latigazos.

Más tarde llamó a otro sabio que al oír el sueño dijo: ¡“Oh, gran Señor! ¡Qué felicidad! El sueño significa que sobrevivirás a todos tus parientes. Se le iluminó la cara al sultán y ordenó darle cien monedas de oro.

No entiendo, dijo un cortesano que había presenciado las respuestas. Las dos interpretaciones fueron las mismas. Pero este último sabio respondió: -Amigo mío, todo depende de la forma en que transmitamos las cosas.

La comunicación puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la entregamos, será aceptada con agrado.

Dice nuestro texto que Pablo y Bernabé hablaron de tal modo que muchos (judíos y no judíos) terminaron creyendo. Y agrega en el V.3 que… confiados en el Señor hablaron con toda franqueza, y el Señor confirmaba lo que ellos decían del amor de Dios, dándoles poder para hacer señales y milagros.

Cuando escucho que en nuestras comunidades se usan palabras ofensivas, subidas de tono; cuando hay destrato y maltrato entre los miembros y para con el pastor o la pastora, pienso: ¿es ésta la Buena Nueva que deseamos anunciar?

Stella Maris Frizs

Hechos 14,1-7