Martes 6 de junio

 

 

Nosotros seguiremos orando y proclamando el mensaje de Dios.

Hechos 6,4

Los discípulos dijeron esto en el contexto de organizar un grupo que se encargara de la atención de las personas más vulnerables, tarea que hoy asociamos con la diaconía.

Juan y Juana (estos son nombres ficticios) ocuparon desde hace ya bastante tiempo una vivienda transitoria que nuestra comisión de diaconía, que integro, tiene para casos de necesidad. Juan no tenía trabajo fijo y había un hijo para criar. Los ayudamos con la casa, con alimentos, con gestiones ante el municipio, buscando algo para Juan, hasta que finalmente se dio, y Juan consiguió un buen trabajo, con un buen sueldo. Pasaron unos meses y Juan quedó efectivo, pero a 45 km de nuestra ciudad. Juan formó una nueva familia en el pueblo vecino. Juana se quedó en la casa con su hijo, y Juan tardaba cada vez más en enviar el dinero que le correspondía a Juana. Allí estuvimos con Juana, ayudándola con alimentos y atención para su hijo, hasta que Juana también formó nueva pareja. Ellos están en la casa. Al poco tiempo nació una hija que tuvo algunos problemitas de salud, así que colaboramos con su atención. La nueva pareja tiene un terrenito, ante lo cual colaboramos para que ellos tuvieran materiales para comenzar a construir, pero ellos vendieron los materiales. Nosotros necesitamos la casa para avanzar con nuevos proyectos, pero Juana y su pareja no se van.

En estos casos me pregunto: ¿qué hacemos mal?, ¿por qué caemos en el asistencialismo? Siento que nos usan y me dan ganas de dejar esta tarea. Pero mis hermanos me dan fuerzas para seguir y, por sobre todo, estoy convencido de que el Señor sabe lo que hace. Él sabe perfectamente qué tarea asignarnos de acuerdo con nuestras capacidades. El desafío será entonces aprender a reconocer nuestros recursos y administrarlos según su voluntad. Que sí sea.

Alejandro Faber

Hechos 6,1-7