Martes 7 de agosto

 

 

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Sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿por qué nació ciego este hombre? ¿Por el pecado de sus padres o por su propio pecado?

Juan 9,2

¡Qué apresuradamente juzgamos a los demás como pecadores! Cuando a alguien le suceda una desgracia, con frecuencia escuchamos que: “Es castigo de Dios”, o “Recibió su merecido”.

Cuando nace un niño con alguna discapacidad, los padres y familiares tienen muchas preocupaciones y mucho trabajo. ¿No deberíamos solidarizarnos con ellos en lugar de juzgar?

¿Qué tal si me pasa a mí, a mis hijos, o nietos? Entonces preguntamos, ¿por qué me tiene que pasar esto a mí?, y le reclamamos a Dios: “¿Por qué lo permitiste, Señor? “

Pero cuando las cosas van bien, nos olvidamos de Dios, de su protección de día y de noche, y nos vanagloriamos de nuestro esfuerzo y del éxito que de él obtenemos.

Quiero alentarnos a recibir y aceptar de Dios con confianza todas las alegrías, los logros, la dicha, pero también las penas, el dolor y el sufrimiento y sobre todo la gracia del perdón. Pablo dice que confiemos en Dios, que no los dejará sufrir pruebas más duras de lo que pueden soportar. (1 Corintios 10,13). Confiemos en él y su palabra para que pueda manifestarse en nosotros su obra.

Por eso comparto esta oración de autor desconocido:

Es maravilloso, Señor, tener brazos perfectos cuando hay tantos mutilados. Tener ojos perfectos, cuando hay tantos sin luz.

Mi voz canta, cuando hay tantos que enmudecieron.

Mis manos que trabajan, cuando hay tantos que mendigan.

Sentirse sano, cuando hay tantos que padecen.

Maravilloso regresar a casa, cuando hay tantos que no tienen a dónde ir. Es maravilloso tener hijos hermosos y sanos, un hogar donde nada falta y una madre que nos acompaña.

Es maravilloso amar, vivir, sonreír, soñar, cuando hay tantos que lloran, odian, sufren y mueren antes de nacer. Es maravilloso tener un Dios para creer y en quien confiar, sentir su presencia de amor, cuando hay tantos que no tienen el consuelo de la fe.

Es maravilloso, Señor, sobre todo, tener tan poco que pedir y tanto que agradecer.

Erna Schwarz    

Juan 9,1-12