Martes 7 de septiembre

Y cuando les conté la forma tan bondadosa en que Dios me había ayudado y las palabras que me había dicho el rey, ellos respondieron: “¡Comencemos la reconstrucción!”

Nehemías 2,18

Nehemías quería reconstruir Jerusalén, empezando por sus murallas. La ciudad había sido devastada. El proyecto parecía un sueño inalcanzable. Pero Nehemías había puesto todo esto en manos de Dios. Ese proyecto era para mostrar de alguna manera que Dios cuidaba de su pueblo.

Claro, Nehemías era una persona de mucha fe pero, ¿cómo hacer para entusiasmar a los demás en este proyecto que parecía casi una locura?, y peor aún, en medio de enemigos que intentarían desanimarlos y dificultarles la tarea. Nehemías comenzó a contar cómo se sintió ayudado por Dios y los que lo escucharon se entusiasmaron de tal manera que no dudaron en ponerse a trabajar porque vieron que tenían a Dios como compañero.

El pueblo de Dios del cual formamos parte como cristianos y cristianas siempre fue entusiasmado, animado y fortalecido por el testimonio de las personas, por ese ir pasando la palabra de Dios y sus hechos maravillosos de persona a persona. Esto nos hace reflexionar en ¿qué cosas les contamos nosotros a los demás? ¿Qué reenviamos por las diferentes redes sociales? ¿Incluimos las cosas buenas que Dios nos concede, o en las que sentimos su ayuda? Muchas veces se dice “pueblo pequeño infierno grande”, porque en los pequeños pueblos a una noticia las personas se encargan de contarla rápidamente. Que podamos contar las maravillas de Dios, los momentos en que Dios nos ha ayudado porque eso entusiasmará a otros y otras a querer participar, a querer seguir a ese Dios que siempre está junto a su pueblo. En Romanos 10,17 dice: “La fe nace por el oír”. Qué cosa maravillosa si el bichito de la fe le empieza a picar a alguien por causa de palabras que salieron de tu boca, ¿no sería fantástico?

Tengo que gritar, tengo que arriesgar, ¡Ay de mí si no lo hago! ¿Cómo escapar de Ti? ¿Cómo no hablar si tu voz me quema dentro? Tengo que hablar, tengo que luchar ¡Ay de mí si no lo hago! ¿Cómo escapar de Ti? ¿Cómo no hablar si tu voz me quema dentro? (Para que el pueblo alabe a su Dios Nº 356)

Mariela S. Bohl

Nehemías 2,1-20

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