Martes 8 de agosto

 

 

Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con alegría.

Hechos 21,17

Antes de este viaje de Pablo la situación estaba muy incierta. El viaje significaba un gran riesgo para su vida. Pero al llegar, es recibido con alegría. Por un lado, porque llegó sano y salvo, y por el otro, la alegría del encuentro de la comunidad con Pablo. Todo nos da a entender que las cosas no fueron tan fáciles para Pablo y sus compañeros, ni para la comunidad cristiana. Pero hay una cosa que no se ha perdido, y es la alegría.

La alegría es una emoción que nos da fuerza y la seguridad de ser bien recibidos. Cuando en Paraguay me tocó trabajar por la Comisión de Verdad y Justicia, fuimos a recorrer diferentes zonas del país. En casi todas las casas fuimos recibidos amablemente y con alegría. Lo que nos daba incentivos para seguir trabajando era el entusiasmo y alegría que transmitían las personas que visitábamos. Muchas de las casas eran chozas humildes con gente amable y generosa. La demostración de gratitud se expresaba cuando nos invitaban a comer. Compartían lo poco que tenían y lo hacían con alegría. En un momento dado le pregunté a mi compañero de viaje si era justo comer con ellos lo poco que tenían. Y él me respondió que si nos negábamos hubiera sido una ofensa. El hecho de quedarse a comer fue símbolo de amabilidad y alegría de compartir lo poco que tenían. La alegría de la gente que nos veía por primera vez, su generosidad y amabilidad cambiaron todos nuestros valores. No hay nada mejor que ser recibido con amabilidad y alegría. Nos hace sentir acogidos, bienvenidos, y eso es impagable. Es una expresión que nos hace repensar nuestros valores consumistas.

El almuerzo fue casi como una fiesta llena de alegría y hospitalidad. Era algo que salía de lo profundo del ser de esas personas, agradecidas y alegres. Valores que deberíamos imitar y no olvidar.

Oremos: Señor, danos siempre la fuerza para que, en cada gesto, demostremos el valor de la alegría y la hospitalidad. Que podamos reconstruir los valores que le dieron fuerza y coraje a los apóstoles. Tal vez no recibían recompensas materiales, pero sí la alegría y la viva hospitalidad compartidas. Amén

Arturo Heil

Hechos 21,15-26