Miércoles 10 de abril

 

Jesús les dijo: “Todos ustedes se escandalizarán de mí esta noche, porque está escrito: ‘Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas.’ Pero después de que yo haya resucitado, iré delante de ustedes a Galilea.”

Mateo 26,31-32

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Este versículo se encuentra en el contexto del pasaje en el cual Jesús anuncia la negación de Pedro. Jesús predice que todos los discípulos le abandonarán en el momento de mayor necesidad en su vida y ministerio. En sus palabras no hay ningún reproche, amargura o desilusión, simplemente la constatación de una realidad humana, la debilidad y cobardía de los discípulos.

Al mismo tiempo este pasaje refleja la gracia y la aceptación incondicional por parte de Jesús. A pesar de saber lo que sus discípulos iban a hacer no resultan descalificados ni rechazados, ni como personas ni para el ministerio. Las palabras de Jesús, después de mi resurrección iré delante de vosotros a Galilea, muestran que seguía confiando en ellos y que siempre hay nuevas oportunidades para aquellos que tienen la madurez y la capacidad para reconocer sus errores y seguir adelante.

En resumen, el texto nos muestra dos realidades, la nuestra personal, gente débil y miedosa, que no estamos a la altura de las circunstancias y que, de una u otra manera negamos a Jesús. La realidad de Dios, el Dios de la gracia que sigue amándonos y aceptándonos de una manera incondicional y siempre dando nuevas oportunidades.

¿Dónde encontraremos hoy a alguien que sea tan tolerante con nuestras miserias personales y, por otro lado, tan fiel y bondadoso? El único es Jesús, el Hijo de Dios resucitado y glorificado que intercede por nosotros ante su padre Dios.

Fabian Pagel

Mateo 26,31-35