Miércoles 10 de mayo

 

 

«Pero ahora —lo afirma el Señor—, vuélvanse a mí de todo corazón. ¡Ayunen, griten y lloren!» ¡Vuélvanse ustedes al Señor su Dios, y desgárrense el corazón en vez de desgarrarse la ropa! Porque el Señor es tierno y compasivo, paciente y todo amor, dispuesto siempre a levantar el castigo.

Joel 2,12-13

La misericordia del Señor, así es titulado este apartado en algunas versiones de la Biblia. Se describe la personalidad del Señor. Se describe su voluntad.

Es el mismo Señor quien nos pide que nos volvamos a él, que nos volvamos de todo corazón, que nos volvamos por completo a él. Que ayunemos, pero no sólo del pan material, sino que ayunemos de todo aquello que nos haga mal y que haga mal a los demás. Ayunar de aquello que nos aleje del Señor. Nos pide que gritemos, gritemos para clamar las injusticias que nos rodean, que gritemos a favor del prójimo. Nos pide que lloremos, lloremos para lavar el alma de aquello que nos duele, para lavar el ser desde adentro y clamar a Dios. Nos pide que desgarremos el corazón para sacar aquello que daña todo nuestro ser, que daña nuestra humanidad. Que se deje la ritualidad y lo que es de afuera para acercarse con lo que es de adentro, con lo que es puro.

Con todo eso podremos acercarnos de corazón, y él nos recibirá, y nos tomará en sus brazos, porque es tierno, porque es compasivo, es paciente, y es todo amor y siempre, siempre está dispuesto a librarnos del castigo.

A ese Dios estamos llamados a volvernos, a ese que es todo amor, que es único, y que con su ternura infinita nos recibe y nos da su misericordia ¡Ah, su misericordia! Infinita y divina misericordia.

Todo te está diciendo ¡vuélvete a Dios! Todo te está llamando de corazón. (Canto y Fe Nº 273)

Karla Steilmann

Joel 2,12-17