Miércoles 12 de abril

 

Ellos seguían gritando: “¡Crucifícalo, crucifícalo!”

Lucas 23, 21

Como ya dijimos, las autoridades judías se valen de la mentira para que Pilato acceda a condenar a Jesús en la cruz. Las acusaciones que se le hacen tienen un tinte político y ya no religioso como era al principio, por blasfemia. Lo acusaron de: a) agitación sediciosa; b) incitación a que no se pague el tributo al César; c) por asumir el título de Rey. Cada una de esas acusaciones era mentira, y ellos lo sabían. Pilato también lo sabía. Igualmente permitió que ejecutaran a Jesús. Una vez más, un legislador a los pies de los poderosos y en desmedro del humilde e inocente.

Una vez escuché la frase que decía que el poder no cambia a las personas, sino que muestra lo que realmente somos.

En Jesús el poder mostró con creces lo que era él. Su naturaleza. Su compromiso con la vida misma. Su coherencia y fidelidad con la misión encomendada por el Padre. Su entrega por lo que consideraba que valía la pena jugarse, aun sacrificando la propia vida. Fue esa demostración de amor y fidelidad la que libró a los discípulos de sus propias ataduras estructurales, étnicas, legalistas, simplistas para salir al mundo y testimoniar a un Cristo vivo y presente.

Quiera Dios que en cada una de nuestras comunidades de fe podamos vivenciar -si no lo estamos haciendo ya- ese poder y ese amor que nos libera de la mera institucionalidad eclesial y nos permite ser una Iglesia de fieles, comprometidos con el Evangelio espiritual y social de Jesús. Teniendo presente las palabras de Pablo, que tanto en la vida como en la muerte, del Señor somos.

En nuestra oscuridad enciende la llama de tu amor, Señor, de tu amor Señor. (Canto y Fe Nº 201)

Jorge Buschiazzo

Lucas 23,13-25