Miércoles 12 de septiembre

 

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¿Qué provecho saca el ser humano de todos sus trabajos y de todos sus afanes bajo el sol?

Eclesiastés 1,3

El problema de lograr por mi trabajo

El esfuerzo de querer merecer la justificación (la salvación, la vida eterna) puede generar dos efectos negativos. Uno, es el sentimiento de angustia ante la incapacidad de hacer lo suficiente (necesario). Por la simple razón que nunca podemos hacer lo suficiente. Este es el drama que vivió Lutero. Por más esfuerzo por hacer (cumplir) con las prácticas de la piedad (penitencia, oración, ayuno, meditación), parecía que aún quedaba en deuda o reaparecía la tentación causando a Lutero aflicción (angustia) y Lutero no conseguía paz, no conseguía ser feliz.

Y dos, se experimenta una autovanagloria: yo logré por mí mismo salvarme. Quien se vanagloria (se siente orgulloso) de sus acciones de penitencia o caridad entra en la arrogancia, se vuelve Dios, juzgándose a sí mismo autosuficiente y mejor persona que los demás. Estas dos consecuencias negativas que dan lugar a entenderse a sí mismo como capaz de lograr la salvación, muestran una espiritualidad centrada en la persona (en el ser humano) y no en Dios. Lutero se da cuenta de que si la persona necesita hacer para merecer, entonces es el ser humano que se convierte en el creador de la salvación (de la justificación). Pero leyendo la Biblia comprendió que es Dios quien nos libra del pecado y de la necesidad de hacer algo.

No es una justificación por merecer o de producir (hacer). No. Es Dios quien ha hecho, creado de nuevo, todo. Dios hizo todo y nos regala. Sólo quiere nuestra obediencia. No sólo trabajamos de sol a sol para acumular. Menos aún conseguimos la felicidad…Porque si llegamos a una buena edad todo gastaremos en médicos. Pero seguro, con toda certeza, nada llevaremos…ni llegaremos a la nueva creación.

Por las dádivas sin par que en Cristo tú nos das, en los cielos gozo y luz, en la tierra vida y paz, te ofrecemos, oh Señor, alabanzas con fervor. (Canto y Fe Nº 199)

Aurelia Schöller

Eclesiastés 1.1-18