Miércoles 13 de diciembre

 

 

Hablarás de parte del Señor todopoderoso: Vi un hombre cuyo nombre es brote, y sepan que brotará de sus propias raíces. Él reconstruirá el templo del Señor y recibirá poder. Se sentará en un trono para gobernar, y también un sacerdote se sentará en un trono, con armonía perfecta entre ambos.

Zacarías 6,12-13

El profeta corona al Sumo Sacerdote Josué. Así pone una señal con promesa de futuro.

Vendrá el Mesías que asume como Sumo Sacerdote y gobernará como Rey.                       

Esto genera un movimiento insospechado. Viene gente de todas partes para construir el templo en Jerusalén. En ese lugar se reunirá el pueblo de Dios para “estar en el templo del Señor… para adorarlo… y contemplar toda su hermosura.” (Cf. Salmo 27,4). Ahí se actualizan siempre los grandes hechos del Dios, liberador del pueblo esclavizado. Los creyentes recibirán orientación y perdón de su culpa.                                                                                                                  Las liturgias, música, cantos; predicar y escuchar el Evangelio son medios que expresan los misterios divinos y nos abren al Espíritu de Dios.   

Los descendientes vemos que nuestros antepasados inmigrantes del Siglo XIX, entre ellos alemanes, alemanes del Volga etcétera se agruparon en comunidades, según su fe de origen. Formaron  pueblos o vivieron dispersos en el vasto territorio rioplatense.                          Construyeron escuelas para educar a sus hijos. Edificaron sencillos templos (cuatro paredes de adobe y techo a dos aguas). Pero estas iglesias (hoy modernas) funcionaron como espacios de encuentro social, para resolver problemas comunitarios, celebrar cultos de alabanza, bendecir matrimonios, bautizar, catequizar a niños y adultos, confirmar y fortalecer su fe (protestante o católica) y servir solidariamente a los necesitados; mantener la esperanza durante cada nuevo comienzo.

Renacer para una esperanza viva, como rama florecida sobre el tronco, renacer. (Canto y Fe Nº 219)

Rodolfo R. Reinich

Zacarías 6,9-15