Miércoles 14 de agosto

 

“Ánimo, hija, por tu fe has sido sanada”.

Mateo 9,22

Cuántas veces habrás sentido o estás sintiendo la necesidad de tocar el manto de Jesús, para recibir esa fuerza que emana de él y te restaure como lo hizo con aquella mujer que recobró su sanidad luego de años de sufrimiento. Muchas veces necesitamos escuchar esa voz que nos diga: ánimo hija, por tu fe has sido sanada, y nos aliente a seguir caminando.

¡¿Cuántas veces nos resignamos ante las situaciones difíciles?! Aquí tenemos dos ejemplos, el de esta mujer que no se resignó

ante la enfermedad, y de Jairo que tuvo fe aun enfrentando la muerte de su hija. Ambos se aferran a la esperanza, cuando todo parece indicar lo contrario. Confían en la fuerza del amor que sana, que devuelve la vida, cuando todo a su alrededor grita muerte y dolor. Es el poder de Jesús y su amor que restaura, que nos levanta y nos anima a continuar con la confianza puesta en él, las palabras de Jesús nos animan, aunque todo a nuestro alrededor parece derrumbarse. Él es quien nos muestra que la fe es más fuerte que la enfermedad y la muerte.

Ante las situaciones difíciles de la vida, depositemos nuestra fe en Dios, busquemos su rostro, y no nos mantengamos enfocados en los problemas, pues ellos pasarán, pero Dios es eterno. Que el miedo o las circunstancias no nos paralicen, sino que nos acerquen a Dios, porque él puede cambiar lo que parece incambiable, puede dar vida nueva y renovar la esperanza si confiamos en él. Y escucharemos esa voz que nos diga: Ánimo, hija, por tu fe has sido sanada.

Amalia Elsasser

Mateo 9,18-26