Miércoles 14 de julio

Era tal la confusión entre la concurrencia que unos gritaban una cosa, y otros, otra; aunque la mayoría no sabía para qué se habían reunido.

Hechos 19,32

La confusión es falta de orden y claridad. Turbación del ánimo.

Seguramente en una o más oportunidades te encontraste frente a una situación así. Hay reuniones edificadoras, esas que anhelaríamos que se extiendan por horas. Otras, sin embargo, desearíamos que no hayan existido. Y esto ocurre cuando reina en medio nuestro un clima de confusión, cuando llega ese momento en que no sabemos ya por qué nos hemos reunido.

Sucede que venimos con nuestras propias historias, cargas, problemas, frustraciones; y éstas empiezan a aparecer en medio de los diálogos. El tema central se desvía y se corre el riesgo de entrar en un clima tenso, de confusión.

Y cuando esto sucede comienza a reinar el desorden, aparece la falta de claridad porque perdemos la capacidad de escuchar lo que los demás dicen, el ánimo se va alterando, terminamos abatidos y hay quienes sienten que han sido humillados.

Me he encontrado en más de una ocasión frente a situaciones similares. En muchas de ellas no supe cómo reaccionar. A veces me dejé llevar por la corriente. Otras me llamé a silencio por no saber cómo actuar. Hasta que descubrí algo maravilloso. No hay mejor remedio frente a la confusión que la oración.

A mí me funcionó. Así que te propongo que si te encuentras frente a una realidad así, serenamente pidas la palabra y con toda tranquilidad propongas a los demás: “¿Y si oramos?” Te puedo garantizar que todo cambia y tan repentinamente que cuesta hasta creerlo.

¿Por qué? Porque desaparece de en medio nuestro el clima de confusión. El Señor intervino, le hicimos un espacio en medio de nuestro desorden. Y como bien lo dice su palabra: “Dios no es Dios de confusión, sino de paz” (1 Corintios 14,33). Amén.

Carlos Abel Brauer

Hechos 19,23-40

Un comentario en «Miércoles 14 de julio»

  • el julio 14, 2021 a las 10:22
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    Es muy cierto….me he encontrado en situaciones similares y no he sabido reaccionar. Pero ahora con esta reflexión/consejo sé que en la Oración a Dios nuestro Padre y Señor está el poder sanador.
    Gracias Pastor Carlos Brauer

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