Miércoles 17 de junio

A cambio de ella (la madera), cada año Salomón le enviaba a Jirán seis mil toneladas de trigo y seis mil litros de aceite puro para el sustento de su palacio.

1 Reyes 5,11 (RVC)

En abril de 2019 ardió en París la catedral de Notre Dame. Notre Dame es una catedral de estilo gótico que fue edificada entre 1163 y 1245. Notre Dame como otras catedrales, llamadas así porque ahí está la cátedra, la silla donde se sienta el obispo, expresan en su construcción la búsqueda de lo divino. El templo de Salomón planeado como asiento de Dios en la tierra, cumple una función unificadora del reino. Hasta entonces en Israel había muchos santuarios locales y regionales donde la gente iba para ofrecer sacrificios a Dios. Lo paradójico es que Dios no necesita un lugar específico de adoración, más bien somos nosotros quienes lo necesitamos.

A partir de su suntuosa construcción con maderas escogidas y oro puro, solo en Jerusalén existe una Casa con mayúscula, donde se puede encontrar a Dios. El propósito de levantar este templo cuesta al pueblo enormes sacrificios. Decenas de miles de personas son llevadas en leva, trabajo forzado, para avanzar con dicha construcción (unos 180.000 trabajadores). La mención del precio de la madera del Líbano, cedros y cipreses, solicitada a Jiran de Tiro, 6000 toneladas de trigo y 6000 litros de aceite puro sólo para el palacio revela cuán costoso es este proyecto y cuánto se carga sobre la espalda del pueblo. Dudoso beneficio el contar con un templo único, para el Dios que habitaba en tabernáculos móviles en el desierto y que en Jesús planta su tienda en medio de la gente (Juan 1,14).

Volver a poner a Jesús y a Dios en medio de la vida es indispensable. Como dice la canción: En medio de la vida estás presente, oh Dios, más cerca que mi aliento, sustento de mi ser… Oh Dios de cielo y tierra te sirvo desde aquí; te amo en mis hermanos te adoro en la creación. (Cancionero Abierto Nº 81)

Juan Carlos Wagner