Miércoles 17 de octubre

 

Yo sé todo lo que haces; conozco tu amor, tu fe, tu servicio y tu constancia, y sé que ahora estás haciendo más que al principio

Apocalipsis 2,19

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La constancia: Hay una canción del cancionero Canto y Fe que dice: “Traigamos con gozo a Dios nuestra ofrenda, talentos y tiempo, dinero y salud, el cuerpo y la mente con todos sus dones, también nuestra vida, todo es de Jesús. Dios es poderoso y quiere ayudarnos a fin que tengamos la gracia de dar, y sus bendiciones no habrán de faltarnos, si somos constantes en el ofrendar” (Nº 122)

En nuestro texto del Apocalipsis Cristo elogia la constancia en la fe, el amor y el servicio. Nuestra canción afirma que si somos constantes en el ofrendar, las bendiciones no habrán de faltarnos.

Por otro lado, el apóstol Pablo anima a los corintios cuando les dice: Queridos hermanos, sigan firmes y constantes, trabajando siempre más y más en la obra del Señor. (1 Corintios 15,58)

También en la Biblia se nos insta a ser constantes en el orar: Orad sin cesar.

En fin, querido lector, querida lectora: si somos honestos, la constancia no es nuestro punto fuerte. Debemos reconocer que no siempre somos tan constantes ni para orar, ni para ofrendar, ni para ayudar, ni para asistir al culto….

Nos cansamos rápidamente de hacer el bien y más aún si no vemos resultados inmediatos o no obtenemos rédito de lo obrado.

En Tiatira había numerosos gremios, similares a los sindicatos obreros de la actualidad. Cada gremio tenía una deidad (dios) en cuyo honor se celebraban fiestas que incluían carne sacrificada a los ídolos e inmoralidad sexual. Los cristianos enfrentaron el dilema entre participar de esas fiestas paganas o perder el trabajo.

Cristo elogia a la iglesia de Tiatira en primer lugar, el amor; en segundo lugar, la fe; en tercer lugar, el servicio y sobre todo la constancia en el obrar.

Que nuestro buen Dios nos ayude a ser constantes en todo lo que emprendamos. Sobre todo si se trata de beneficiar a los que menos tienen. Amén.

Stella Maris Frizs

Apocalipsis 2,18-29