Miércoles 18 de diciembre

 

¿Acaso una madre olvida o deja de amar a su propio hijo? Pues, aunque ella lo olvide, yo no te olvidaré.

Isaías 49,15

“¿Decime, sabes dónde está nuestro hijo?” Seguramente la mayoría de los padres alguna vez dijeron o pensaron esta pregunta. Una mirada a la pieza del niño alcanza muchas veces para tranquilizarse. Pero si no está allí, aumenta la preocupación, y el corazón comienza una loca carrera, y si se constata que el niño ha sido olvidado en el Jardín Infantil, se agrega súbitamente la mala conciencia. Hasta cuan-do se tiene al niño en brazos queda la mala conciencia. Queda, porque no les debería haber sucedido algo así a los padres, y, sin embargo, pasa, porque los seres humanos no siempre mantenemos control, sobre todo.

Para Dios es totalmente distinto, así está escrito en Isaías. Dios nos promete que no se olvidará de nosotros, ni por un corto momento. Incluso cuando nos sentimos solos y abandonados, y hasta en las horas más oscuras de nuestra vida, Dios está con nosotros. Incluso cuando nuestra vida parece derrumbada como un montón de escombros, como le sucedió al templo en Jerusalén hace 2500 años, incluso entonces Dios está con nosotros y nos regala un futuro. Desde los escombros, él moldeará una nueva ciudad para que se cumplan estas palabras suyas: reconocerás que yo soy el Señor, y que los que en mí confían, no quedan defraudados. (Isaías 49,22).

Gracias, Dios, que en ti podemos confiar; gracias porque no dejas de mirarnos. Ayúdanos para que también nosotros te mantengamos en vista, y no olvidemos a las personas que están alrededor de nosotros. Amén.

Michael Hoffmann

Isaías 49,14-26