Miércoles 18 de septiembre

 

Ellos entendieron que no les había dicho que se guardaran de la levadura del pan, sino de la doctrina de los fariseos y de los saduceos.

Mateo 16,12

Cuando era niño, me gustaba ver como el pan que hacía mi mamá multiplicaba su tamaño, ya que luego de amasarlo se hacía cada vez más grande. Me llamaba la atención cómo la masa de golpe crecía más y más. Me parecía un truco de magia, hasta que comprendí que el secreto estaba en la levadura, la cual producía ese efecto.

Qué importante que es la levadura para que el pan fermente, para que el pan crezca. Y de esto hoy les habla Jesús a sus discípulos, él hace una comparación entre la levadura y la doctrina de los fariseos.

La doctrina es el conjunto de ideas y enseñanzas que se tienen. Estaba claro que, para Jesús, las enseñanzas, es decir, la doctrina de los fariseos no era buena. Era una levadura mala, ya que no servía para que la fe creciera cada día, para que el pueblo pudiera experimentar que Dios está cera de él.

Hoy nos debemos preguntar por nuestra doctrina, y saber que, si está basada en tradiciones sin sentido, que no busca el encuentro con el prójimo y sus necesidades, que no vive el evangelio, no sirve. Una doctrina que no se abre preguntándose por los nuevos desafíos a los que somos llamados desde nuestro tiempo y sociedad, es, como dice Jesús, una mala doctrina y enseñanza, es una levadura que no hace crecer la fe.

Que nuestra doctrina y levadura sean como la de Jesús, para que se convierta en pan de vida para muchos.

Javier Gross

Mateo 16,1-12