Miércoles 19 de junio

 

Mejor es comida de legumbres donde hay amor que de buey engordado donde hay odio.

Proverbios 15,17

DESCARGAR EL AUDIO

“El otro día almorcé después de haber tenido una discusión, y la comida me cayó ¡tan mal! Hubiese sido mucho mejor no haber comido”. Es imposible disfrutar de algo bueno si a la vez hay cosas o situaciones que demuelen nuestra paz. Es como comer sin amor. De hecho, muchas de nuestras enfermedades más frecuentes deben su origen a que nos alimentamos con buena comida, pero con pésimos ingredientes que están presentes en nuestra mesa especialmente a la hora de comer: discusiones, nervios o el televisor encendido a la hora de comer y en la sobremesa. Y desde el plato, a través de la boca y hasta llegar a todo nuestro cuerpo, hay intrusos que se apoderan de nuestro bienestar, y logran que lo que pudo ser una sabrosa y nutritiva comida se vuelva irremediablemente algo malo, casi un veneno, para nuestro cuerpo descuidado e indefenso.

Recordamos que cuando Cristo celebró la última cena con sus discípulos lo hizo en paz. Ni siquiera permitió que la proximidad de su muerte, la traición de Judas o la negación de sus discípulos interfirieran en la cena de su pascua. Además, prometió triunfalmente que el reino de los cielos se encamina a la celebración de un gran banquete, una fiesta de alegría, paz y justicia. ¡Qué comida!

En el mundo hay mucha gente a quienes les toca comer el pan amargo de una mesa y una vida dominada por los conflictos, las necesidades o la ausencia de alegría. Hay también mesas vacías de pan material y también espiritual. Y hay muchas otras donde hay abundante pan material, pero se encuentran vacías de amor y de paz.

La iglesia y nuestras comunidades reciben el llamado de ser como la mesa de Cristo en la que haya pan, pero también amor, servicio, alegría y paz.

Querido Padre, danos el pan diario, y que en casa y en el mundo no falte y lo podamos disfrutar en paz. Amén.

Delcio Källsten

Proverbios 15,13-18