Miércoles 22 de julio

En cambio, a mí, el espíritu del Señor me llena de fuerza, justicia y valor, para echarle en cara a Israel su rebeldía y su pecado.

Miqueas 3,8

El panorama de los pequeños agricultores es sombrío. Son acosados por los gobernantes, por los usureros y los acopiadores que compran el producto a cualquier precio. Hasta los sacerdotes y los profetas se sirven de sus funciones para cobrar dinero. Es triste, cuando ni siquiera el poder religioso está del lado del pequeño.

Miqueas abre una pequeña ventanita de esperanza. Qué lindo es escuchar al profeta afirmar que el espíritu del Señor lo llena de fuerza, de justicia y de valor.

Queda una última lucecita en el horizonte, queda una chispa de perspectiva en la dura realidad que es de frustración y fracaso. No solo los malos ganan. El Espíritu del Señor es el que nos abre esta ventana a la alternativa. Ya no ganarán los malos, ya no quedarán impunes los actos de los poderosos que hasta son apañados por los sacerdotes y los profetas. El espíritu de Dios es el que va a actuar. Es el que le da fuerzas al profeta Miqueas para defender, para abrir esperanzas, para saber que algo en la historia puede y va a cambiar.

Como pequeños agricultores cuando vemos que todo está perdido, el poder judicial y el estado no nos protegen. Cuando los malos parece que van a ganar, no nos olvidemos de la posibilidad de que Dios nos llene de fuerzas.

Recordemos hoy también que en el día a día es Dios el que reparte, imparte y establece como algo definitivo la justicia.

Hoy también es el espíritu de Dios quien nos da el valor, el coraje y la valentía para seguir pronunciando y hablando en su nombre.

Waldemar von Hof