Miércoles 22 de mayo

Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿O por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?

Hechos 3,12

Pueblo estupefacto ante la hermosura de la sanación. Pueblo maravillado depositando el poder en las manos de Pedro y de Juan… Manos de hombres… Pueblo confundido, igual que muchos lo hemos estado o lo estamos, en diferentes ocasiones…

¿Tanto nos cuesta creer, confiar, tomar lo que tan amorosamente se nos ofrece?  ¿Por qué pensamos que hace falta una persona igual que nosotros, intermediando, para lograr lo que Jesús prometió?

De humanos no viene la sanación, es el amor y el poder de Jesús, llenando la vida de estos seres, que se brinda y llega como respuesta a la oración hecha con fe.  Se nos dijo, pedid y recibiréis

Pidamos. Sea nuestra oración humilde y confiada. Él oye y responde, porque el Señor está atento siempre. Y también quiere y puede usar nuestras manos para obrar milagros de amor para con nuestro prójimo.

…y la fe que es por él ha dado a éste completa sanidad en presencia de todos vosotros. (Hechos 3,16)

María Ingrid von Below

Hechos 3,11-16