Miércoles 23 de diciembre

Los vecinos y los parientes oyeron que Dios había engrandecido su misericordia hacia ella y se regocijaron con ella.
Lucas 1,58

Necesitamos de los demás, porque necesitamos vincularnos. Tal como la tierra seca necesita la lluvia, los demás son necesarios en nuestra vida. Una persona que no puede hablar y compartir es alguien que lentamente se va muriendo.

Es cierto que a veces no sabemos qué lugar darle a los demás. Sin embargo, es posible caminar hacia una vida más cercana a quienes nos rodean en los diferentes momentos de la vida.

Cuando estés triste, no dejes de buscar a alguien en quien puedes confiar. Cuando estés alegre, comparte tu felicidad con otros. Si tienes necesidades, pide ayuda. Porque es el único modo que los demás se-pan lo que necesitas. Si estás confundido, busca un buen consejo de alguien maduro y dispuesto a escucharte sin juzgar.

Los vecinos y parientes de Elisabet, escucharon sobre el nacimien-to de Juan el Bautista y no pudieron ocultar su felicidad. Porque la alegría debe ser compartida, necesita ser encausada en el abrazo y en las lágrimas que se mezclan con las risas.

Este año, que lentamente empieza a arrojar los últimos pétalos, habrá venido con muchas bendiciones y también con varias cosas a contramano; algunas de ellas incluso tendrán que esperar para el año siguiente.

Pero no te aflijas más de la cuenta, porque así como hubo quien abrazó a Elisabet en el momento más bello, pero a su vez lleno de incógnitas; nosotros tampoco estamos solos y esto es un motivo para seguir luchando y para aprender a confiar que la mano de Dios se hace fuerza en el abrazo de otros seres humanos.

Eugenio Albrecht

Lucas 1,57-66

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